
“Kimova” es el nombre de un proyecto que nació en la asignatura Innovación y Emprendimiento, bajo la mentoría de las profesoras Andrea Ruiz y Paola Poirrier, que rápidamente salió de las aulas al mirar un problema habitual de la construcción desde otro ángulo: ¿qué hacer con los materiales que terminan convertidos en residuos?
En palabras de Ignacio Gandarillas, estudiante de Ingeniería Civil Bioquímica de la PUCV y uno de los integrantes del equipo ganador de la reciente versión de Talento Innovador, “al comienzo del curso nos señalaron que debíamos enfocarnos en el área de la construcción que se nos había designado. Tras un largo proceso de investigación de datos sobre la contaminación de este sector y los diferentes tipos de desechos que produce, identificamos que el EPS (plumavit) era el que nadie sabía cómo tratar y el que ocupaba el mayor volumen de basura en la industria. Finalmente, con todos estos datos, y luego de un proceso en el que definimos un producto que, además, podría ayudar a las personas y contribuir directamente al cuidado medioambiental, llegamos a la idea de un fragüe técnico”.
Junto a Francesca Solari, Juan Pablo Sánchez, Lusiana Thompson y Consuelo Muñoz, compañeras y compañero de tercer año de la misma carrera, ganaron Talento Innovador, iniciativa impulsada por nuestra casa de estudios que busca premiar y potenciar las ideas creativas que nacen dentro de las salas de clases.
Para Ignacio, la mentoría de sus profesoras resultó ser un factor significativo para el resultado alcanzado. “Ellas se encargaron de que distintas personas de nuestra universidad, especializadas en diferentes áreas, nos apoyaran con sus conocimientos para consolidar la propuesta. Asimismo, desde la Vicerrectoría de Investigación, Creación e Innovación recibimos la retroalimentación necesaria para mejorar la presentación visual y la forma de expresarnos en el pitch. Fue una ayuda muy importante, ya que permitió que el equipo se enfocara en los aspectos más relevantes para enfrentar la competencia”, precisó.
Al momento de evaluar la generación de este tipo de iniciativas, el vocero del equipo “Kimova” reconoció que “creo en el impacto positivo de estos espacios. Nos permitió compartir con personas de otras carreras, demostrando que todos vivimos diferentes procesos enriquecedores. Es una instancia que ayuda a creer en lo que hacemos y a ver que realmente se puede generar un aporte. Me motiva a salir de la simple idea y enfrentarme a la posibilidad de avanzar más allá”.
El curso de Innovación y Emprendimiento puso a prueba los conocimientos de Ignacio Gandarillas y sus compañeros, ayudándolos a prepararse para el mundo laboral desde una perspectiva más realista. “Me ha permitido aprender a trabajar en equipo, generar contactos con diferentes empresas y personas, enfrentar situaciones críticas en las que se debe cumplir con plazos estrechos y a seguir adelante, practicando la constancia y responsabilidad”, expresó.
El siguiente paso para “Kimova” es validar su producto a través de un prototipo, además de generar un modelo de negocios. “Actualmente, nos encontramos generando una red de contactos y empresas que nos provean de las materias primas necesarias. Postularemos a más concursos fomentados por la Universidad durante el resto del año”, sostuvo. “Estamos muy agradecidos de contar con la oportunidad y el apoyo para desarrollar este proyecto. Sin duda, ha sido una experiencia muy valiosa y enriquecedora”, concluyó Gandarillas en nombre de todo el equipo.
Por Pablo Díaz
Dirección de Comunicación Estratégica