Ir, practicar y reír: el deporte como escape de la rutina
En medio de una rutina donde muchas veces todo se mide en productividad, también hay espacio para hacer algo que no necesariamente tiene un resultado concreto.
25/08/2026
Para Damián Donoso, académico de la Escuela de Tecnología Médica PUCV, hacer deporte nunca ha sido una cuestión de solo ganar. Una victoria siempre es bienvenida, pero lo más importante son los amigos, las risas, despejar la cabeza y, sobre todo, mantenerse activo. De hecho, él mismo reconoce que erudito del fútbol no es, pero son otras cosas las relevantes: entre las exigencias del trabajo, la vida familiar y las responsabilidades del día a día, es necesario, destaca, reservar un espacio para una pichanga, un partido de pádel o simplemente salir a caminar.
El fútbol llegó temprano a su vida y se convirtió rápidamente en un punto de encuentro. "Nunca he sido muy bueno, pero siempre lo busqué como un espacio en común con mis amigos", comenta. Con los años, eso sí, reunir a suficientes personas para una pichanga se volvió cada vez más complicado. Hacer coincidir en horarios a un grupo de adultos llenos de responsabilidades no siempre es fácil. Ahí apareció el pádel, una alternativa que requiere solamente cuatro personas y que, según Damián, hace que "no haya excusa para no hacer deporte".
"Sería muy aburrido para mí practicar alguno de los deportes que hago sin la constante presencia de mis amigos". La competencia puede estar, pero es secundaria. Lo importante es encontrarse, jugar, conversar y reírse un rato.
Mover el cuerpo, despejar la cabeza
Hay además una razón personal para que el deporte tenga un lugar importante en su vida. Damián convive con la hipertensión desde joven y sabe que mantenerse activo es parte de su bienestar. "El deporte es salud, es vida", afirma. Hoy lidia con una lesión que sufrió al intentar retomar la actividad física, y sabe que esto no lo va a detener: la idea siempre será volver.
Y los efectos no quedan solamente en lo físico. "Si no practico deporte, literalmente me voy a enfermar. Voy a estar más cabizbajo, voy a estar más triste". Sus cercanos también lo notan. Cuando sabe que al final del día habrá fútbol o pádel, asegura que incluso la jornada comienza de otra manera. "Sabes que ese día va a finalizar con una pichanga, que vas a ver a tus amigos, te vas a reír. De alguna forma, el día ya empieza más bonito". El movimiento le ayuda en lo físico y lo mental.
Después del trabajo, también hay vida
Compatibilizar deporte, trabajo y familia requiere organización. Damián trata de reservar las tardes, generalmente entre las siete y las nueve, para hacer actividad física. Pero el calendario no depende solamente de él. Hay que coordinarse con los amigos y la esposa. "Es valioso que ella también se pueda dar ese tiempo para hacer otras cosas. A nosotros nos encanta pasar tiempo juntos, entonces cuando uno no está, el otro aprovecha de hacer cosas. La convivencia en casa es importante. No es bueno estar desapareciendo cada vez que se te presenta un partido".
En esta agenda más allá de la vida laboral, también se coordina consigo mismo. Además de deportes colectivos, a veces necesita “algo un poco más introspectivo, más contemplativo, como ir a pescar, ir a caminar, intentar tener ese tiempo para uno”.
Por eso, su consejo no apunta a convertirse en un gran deportista ni a llenar el planner con nuevas metas. Es mucho más sencillo. "Hay que romper la inercia. En algún momento hay que volver a ir de nuevo". No importa si uno es bueno o lleva años sin practicar. Lo importante es comenzar, buscar compañía y disfrutar. "Simplemente es ir, practicar y reír". Porque, en medio de una rutina donde muchas veces todo se mide en productividad, también hay espacio para hacer algo que no necesariamente tiene un resultado concreto. A veces basta con ponerse las zapatillas, encontrarse con los amigos y jugar.
Facultad de Ciencias PUCV