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Cultura y matemáticas: cine, libros y fotografías como complemento de las ciencias

“Si uno se dedica solamente a hacer aquello que va a hacer bien por su formación, no está mal, pero probablemente uno podría enriquecerlo explorando otro mundo”.

21/09/2026

“La tele era la principal entretención que yo tenía cuando chico”. Así comenzó uno de los pasatiempos más antiguos de Jorge Gaona, académico del Instituto de Matemáticas PUCV. Primero fue el cine, después llegó la lectura y, con los años, apareció la fotografía. Tres intereses que, aunque nacieron en momentos distintos de su vida, hoy encuentran una curiosa forma de convivir.

De la pantalla a las páginas

El cine fue la primera puerta. Creció con televisión junto a su madre y hermanos, trabajó de adolescente para ir una vez a la semana al cine en su época escolar y, durante su doctorado en París, Francia Jorge aprovechó su afición para convertirla también en una herramienta de aprendizaje. Se inscribió en un cine donde podía asistir las veces que quisiera y, de paso, practicar un nuevo idioma.

La lectura, por otro lado, apareció cuando estaba terminando su enseñanza media. Liliana, surofesora de lenguaje, les pidió leer un extracto de un libro y, mientras algunos pasaron de largo, Jorge quedó enganchado. El libro era La Fundación de Isaac Asimov. No pudo encontrarlo en las librerías de Rancagua, pero al año siguiente tuvo mejor suerte en el IMA PUCV.

“En la biblioteca de Matemáticas estaba la colección completa”, recuerda. Desde ahí comenzó una relación que se mantiene hasta hoy y que además comparte con Sofía, su hija. Primero llegó la ciencia ficción y luego una larga lista de autores y estilos. Saramago, Hernán Rivera Letelier, Bolaño, Atwood, Calvino, Umberto Eco y García Márquez son algunos de los nombres que han pasado por sus lecturas. Más que un simple pasatiempo, los libros terminaron convirtiéndose también en una forma de ampliar su mirada. “A través de lo que escribieron otras personas, te abre la cabeza”, explica.

La fotografía llegó después, casi por casualidad. Al terminar su licenciatura en Matemáticas en el IMA, vio unas imágenes en la oficina de la profesora Luisa Aburto y sintió el deseo de lograr algo parecido. Compró una cámara digital, pero los resultados no fueron los esperados. La guardó y el asunto quedó ahí hasta que conoció a un periodista que utilizaba una cámara réflex. Entonces entendió que existía todo un universo detrás de la fotografía. Compró una nueva herramienta y comenzó a aprender desde cero. Otra vez, el doctorado en Parísue el escenario perfecto para ponerla en práctica, porque los viajes le permitieron transformar la cámara en una compañera habitual.

Cuando los pasatiempos se encuentran

Hoy, las tres aficiones ya no están tan separadas. Jorge trabaja en un proyecto personal que mezcla fotografía, libros, viajes y, de alguna manera, también las matemáticas. Su idea es fotografiar libros de matemática escritos en distintos idiomas y sistemas de escritura. Ya tiene una lista de alrededor de 30 idiomas y ha encontrado alfabetos griegos, cirílicos, árabes, chinos, japoneses, coreanos y georgianos, entre otros.

Para conseguir las imágenes ha recorrido bibliotecas y distintos lugares, convirtiendo los viajes en parte fundamental del proyecto. “Se están mezclando todos los mundos”, cuenta. La iniciativa incluso se está transformando en un libro. El proyecto gira en torno a una pregunta tan matemática como cultural: ¿las matemáticas son realmente un lenguaje universal?

Y aunque todavía falta para verlo publicado, el libro parece ser también una especie de resumen de sus propios intereses. La lectura aporta las historias, la fotografía captura los lugares y los viajes conectan cada descubrimiento. El cine queda de lado, por ahora, aunque el detrás de cámaras de estas páginas en desarrollo de seguro parece una película.

Para Jorge, esa mezcla no es casual. Su trabajo en educación matemática también se beneficia de mirar más allá ella. “Uno necesita tener una formación integral”, sostiene. El arte, el cine, la literatura y otras formas de expresión pueden abrir caminos diferentes para comprender el mundo.

Hasta de poeta se las da en su intimidad. Inspirado en su abuela Evangelina, pero sin las mismas intenciones de publicar, Jorge escribe simplemente “como medio de expresión de algunas veces cuando uno está con los sentimientos que te invaden”. La poesía es para él “una buena forma de poder sacar las emociones de ti”. En el reciente fallecimiento de su madre, comenta que “la poesía fue lo único que me permitió expresar lo que sentía en ese momento”.

“Si uno se dedica solamente a hacer aquello que va a hacer bien por su formación, no está mal, pero probablemente uno podría enriquecerlo explorando otro mundo”. Esta filosofía probablemente ha llevado sus pasatiempos a acompañar también su vida académica. No solo en las matemáticas hay misterios que resolver: todavía queda mucho por leer, fotografiar, mirar y descubrir.

Facultad de Ciencias PUCV