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Universidad consolida su Modelo Educativo para los desafíos del futuro

Miércoles 5 de agosto de 2026

¿Cómo se demuestra la excelencia de una universidad? Para la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, la respuesta no se limita únicamente a indicadores, la apertura de nuevas carreras o al aumento de la matrícula. También se expresa en la capacidad institucional de revisar cómo se enseña, acompañar el desarrollo de quienes forman y asegurar que cada trayectoria responda a los desafíos profesionales, sociales y tecnológicos del presente.

Durante el periodo 2022-2026, la Vicerrectoría Académica impulsó una agenda orientada a consolidar ese propósito. El Modelo Educativo actuó como marco articulador; la actualización del Marco de Cualificación de la Docencia Universitaria (MACU) definió con mayor precisión los estándares del quehacer pedagógico; el Programa de Desarrollo Docente fortaleció la formación continua de profesores y profesoras junto con la consolidación de las trayectorias formativas; y el Programa Interdisciplinario de Formación Profesional (PIPF) amplió la oferta hacia nuevos ámbitos del conocimiento y del mundo laboral.

Para la vicerrectora Académica, Claudia Mejías, el cambio más relevante radica precisamente en haber convertido la calidad en un proceso que puede ser acompañado y evidenciado. “La excelencia no es un dato dado, es un dato construido constante y permanentemente”, afirmó. Esta mirada permite comprender los distintos avances del periodo no como iniciativas aisladas, sino como partes de una misma trayectoria formativa.

La transformación se refleja también en los resultados. La matrícula total de pregrado pasó de 17.284 estudiantes en 2022 a 18.704 en 2025 y actualmente supera los 19 mil. En el mismo lapso, los nuevos ingresos superaron los 5.100 estudiantes en 2025, un 48% más que en 2022; el puntaje promedio de ingreso aumentó de 578 a 693 puntos, y la retención de primer año llegó al 84% en 2024, frente al 79% registrado dos años antes. Más que cifras independientes, estos datos muestran una expansión acompañada por mecanismos de aseguramiento de la calidad y revisión de la formación que se entrega.

“La evaluación de la trayectoria formativa rige para todos los profesores y profesoras independiente de su condición al interior de la PUCV. Eso implica entonces que hay una cierta habilitación mínima para impartir docencia al interior de la universidad. Y quien no lo tenga después de un plazo no podrá hacer clases. En ese sentido, la nueva Ley de Educación Superior obligó al sistema universitario a generar evidencias más claras de la excelencia, de manera más sistemática”, señaló la vicerrectora.

Un marco común para enseñar y aprender

Uno de los hitos centrales fue la actualización del MACU, desarrollada mediante un proceso participativo durante 2023 y 2024 y difundida institucionalmente en 2025. El instrumento establece las competencias que orientan una docencia de excelencia en la PUCV y las vincula con trayectorias progresivas de formación, de modo que cada académico o académica pueda reconocer sus fortalezas, identificar ámbitos de mejora y avanzar durante su carrera.

El Marco considera ocho competencias: Responsabilidad Docente; Ambiente para el Aprendizaje; Enseñanza para el Aprendizaje; Evaluación para el Aprendizaje; Tecnologías Digitales; Innovación Docente; Investigación en Docencia; y Diversidad e Inclusión. Con ello, la calidad pedagógica deja de depender exclusivamente de experiencias individuales y se traduce en orientaciones compartidas, coherentes con la identidad institucional, el enfoque orientado por competencias y las necesidades de un estudiantado cada vez más diverso.

La vicerrectora Mejías explicó que este trabajo permitió profundizar la articulación entre el Modelo Educativo, el MACU y las rutas de perfeccionamiento. “Si tuviera que definir a la Vicerrectoría Académica en estos cuatro años ha sido consolidación. Hemos consolidado todo lo que ya había”, señaló. A ese desarrollo se sumó un énfasis mayor en investigación en docencia, innovación pedagógica, tecnologías y competencias digitales.

La estructura se materializó en el Programa de Desarrollo Docente, creado en 2023 a partir de la experiencia acumulada por la Unidad de Mejoramiento de la Docencia Universitaria (UMDU). Diplomados, talleres, comunidades de aprendizaje, formación de ayudantes, asesorías y apoyo a proyectos conforman un sistema que busca profesionalizar la enseñanza y situar el aprendizaje de los estudiantes en el centro de la mejora continua.

“Hay una alineación directa entre la formación y el Marco de Cualificación de la Docencia. Llevamos dos años en el desarrollo de una trayectoria formativa donde ahora el académico puede visualizar dentro de la estructura de las dimensiones del marco, cuáles son aquellas áreas donde requiere continuar formándose y en cuáles ha llegado a su nivel de excelencia”, complementó el director del Programa de Desarrollo Docente, Cristian Merino.

El trabajo también ha incorporado nuevos instrumentos de evaluación, coherentes con el MACU, para reconocer la diversidad de experiencias formativas y generar evidencia para la toma de decisiones. A ello se agregan iniciativas en docencia digital: durante 2024 se desarrollaron 13 talleres y módulos, con 734 aprobaciones, mientras que en el primer semestre de 2025 se realizaron cinco actividades que sumaron otras 364. Las temáticas incluyeron competencias digitales, inteligencia artificial aplicada al aprendizaje, innovación educativa y recursos inmersivos.

Interdisciplinariedad y formación conectada con la realidad

La consolidación del Modelo Educativo también permitió abrir trayectorias más flexibles y conectadas con sectores profesionales emergentes. En ese contexto nació el Programa Interdisciplinario de Formación Profesional (PIPF) una iniciativa estratégica de la Rectoría que reúne carreras con componentes interdisciplinarios y de innovación desde su origen y que articula conocimientos, tecnologías y experiencias prácticas.

De acuerdo a la vicerrectora Mejías, el programa surgió desde sus inicios con un enfoque interdisciplinario, lo que generó carreras que son distintas a las que tradicionalmente tenía la PUCV y con un claro componente profesional.

Durante 2024 y 2025 se consolidaron siete carreras: Publicidad, Animación Digital, Desarrollo de Videojuegos y Simulación Virtual, Administración Pública, Ilustración, Fotografía Profesional y Producción Musical. En 2025, el Programa alcanzó una matrícula de 1.029 estudiantes, incluidos 347 nuevos ingresos y 682 alumnos provenientes del ex Instituto Profesional Arcos, cuya continuidad formativa fue asumida por la Universidad. La integración alcanzó una retención del 85,6% respecto del universo potencial.

Además de diversificar la oferta, el PIPF estableció articulaciones con la educación técnico-profesional, fortaleció la formación docente específica para sus carreras e incorporó infraestructura, software y equipamiento especializado. Más de 80 profesores han participado en instancias de preparación orientadas a asegurar coherencia con el Modelo Educativo, el Marco de Cualificaciones Técnico Profesional y el MACU.

Al respecto, el director del PIPF, Luis Villarroel, expresó que “uno de sus principales desafíos fue integrar a la vida universitaria a 682 estudiantes provenientes del Instituto Profesional Arcos, resguardando la continuidad de sus trayectorias formativas y acompañando su incorporación a la cultura académica de la PUCV. A partir de esta experiencia, hemos aprendido que la integración efectiva requiere reconocer la diversidad de trayectorias, fortalecer el acompañamiento y combinar la formación aplicada con los estándares académicos universitarios. Asimismo, seis de nuestras siete carreras contribuyen directamente a la profesionalización de las industrias creativas, constituyendo la mayor oferta universitaria del país orientada a este ámbito”.

Crecimiento con inclusión y calidad

El fortalecimiento de la formación ha coincidido con un crecimiento sostenido de la comunidad estudiantil. En 2025, la PUCV contaba con 73 programas de pregrado, 41 magísteres y 20 doctorados. La expansión incorporó 16 nuevas opciones académicas para la admisión de ese año, entre carreras, menciones y alternativas de prosecución de estudios, con especial presencia de las industrias creativas, las tecnologías y nuevas áreas profesionales.

Para la vicerrectora Mejías, el aumento de la matrícula responde a diversos factores: la visibilidad alcanzada por la Universidad, su posicionamiento en investigación y desarrollo tecnológico, la vinculación con establecimientos educacionales y el fortalecimiento de las vías especiales de admisión.

“Creo que el prestigio y posicionamiento de la universidad, en los diversos ámbitos de su quehacer, a nivel regional y nacional se ha ido incrementando en los últimos años, lo que ha permitido transformarnos en un referente de la región”, complementó.

El crecimiento ha estado acompañado por avances en otros indicadores. La cantidad de titulados de pregrado aumentó en más de 500 personas entre 2022 y 2024, hasta alcanzar 2.525 egresados. Al mismo tiempo, seis de cada diez estudiantes acceden con gratuidad y el 78,1% de quienes ingresaron en 2025 proviene de la Región de Valparaíso, reafirmando el papel de la PUCV como agente de movilidad social y desarrollo territorial.

Sin embargo, recibir a más estudiantes también amplía la responsabilidad institucional. La vicerrectora advirtió que la inclusión no se agota en la dimensión socioeconómica, sino que considera la diversidad de orígenes, experiencias y necesidades. Por ello, el desarrollo curricular debe avanzar junto con mecanismos de acompañamiento, adaptaciones razonables, monitoreo de los perfiles de egreso y una formación práctica capaz de demostrar los aprendizajes alcanzados.

Una comunidad académica preparada para el futuro

Otro componente decisivo de la excelencia formativa ha sido el fortalecimiento de la planta académica. Entre 2022 y 2024, la Universidad incorporó a 72 nuevos académicos y en 2025 abrió 74 nuevas contrataciones en distintas áreas del conocimiento. La planificación institucional proyecta renovar 105 cargos y crear 129 nuevas plazas, con el propósito de aumentar de 651 a 800 los académicos en jornada completa equivalente entre 2022 y 2029.

Esta política no se limita a sumar especialistas. Considera formación pedagógica continua, incentivos a la productividad, apoyo a la inserción y herramientas para el desarrollo integral, especialmente para quienes se incorporan desde otras regiones o países. La Dirección de Desarrollo Integral de Académicos complementa este proceso con talleres asociados al liderazgo, la comunicación, el trabajo en equipo y la adaptación a nuevos entornos universitarios.

“Además, efectuamos talleres de liderazgo, donde se abordan ámbitos sobre autoridad, coordinación de equipos y negociación, talleres de productividad y trabajo en equipo, junto con temas como adaptación al cambio, integración, trabajo en equipo, habilidades de comunicación, proactividad, competitividad y planificación, entre otros”, añadió el director de Desarrollo Integral de Académicos, Luis López.

El fortalecimiento del cuerpo académico, la definición de estándares para la docencia y la creación de trayectorias formativas responden a una misma convicción: la calidad universitaria requiere profesores preparados para enseñar, innovar, investigar su propia práctica y acompañar a estudiantes con experiencias diversas.

Profundizando el sello PUCV

A las puertas de su Centenario, la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso cuenta con una estructura académica más articulada, una oferta formativa consolidada y una comunidad estudiantil más amplia y diversa. El período permitió consolidar instrumentos y programas que hacen visible la relación entre la identidad institucional, la formación por competencias, la innovación, la interdisciplinariedad y el aseguramiento de la calidad.

Ese horizonte proyecta el trabajo realizado durante los últimos cuatro años: una excelencia entendida no como un punto de llegada, sino como una práctica permanente. Los 19 mil estudiantes de la PUCV representan una comunidad más extensa, pero también una responsabilidad mayor: formar profesionales capaces de pensar críticamente, actuar con integridad, responder a realidades complejas y contribuir, desde el sello de una universidad católica y con vocación pública, al futuro de la Región de Valparaíso y del país.

Por Juan Paulo Roldán

Dirección de Comunicación Estratégica

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