Instituto de Biología PUCV realizó Escuela de Invierno 2026
Desde el martes 30 de junio hasta el miércoles 02 de julio se llevó a cabo la Escuela de Invierno 2026 del Instituto de Biología en el Campus Curauma PUCV. La actividad se llevó a cabo durante las vacaciones invernales del sistema escolar y convocó a interesados en materias relacionadas con la educación científica y aspectos socioemocionales de la actividad docente.
La Escuela de Invierno 2026 del Instituto de Biología PUCV tenía por objetivo conectar la investigación científica y/o didáctica actualizada con las prácticas pedagógicas escolares, contribuyendo al desarrollo de una educación de mayor calidad en la región de Valparaíso.
Las sesiones fueron lideradas por profesionales en su campo, con gran trayectoria en su materia, quienes presentaron sus cursos a profesores a modo de capacitación para fortalecer su presencia formativa en la educación y a estudiantes de pedagogía en su último año.
En relación a estos talleres, Valentina Santa Cruz, profesora del Colegio Apumanque, expresó que “fue una experiencia tremenda y súper enriquecedora. Lo pasé muy bien en los cursos y aprendí muchísimo. Más allá de lo académico, me llevo herramientas valiosas tanto en lo personal como en lo profesional. Volver a ser alumna por unos días, compartir con otros profesionales y refrescar la mirada es algo que de verdad se agradece”.

“Me inscribí en talleres bien diversos porque quería una mirada integral. Vi temas desde microbiología para armar laboratorios caseros y Sostenibilidad, hasta gestión emocional, bienestar docente y resolución colaborativa de conflictos. Lo que más valoro es el enfoque tan práctico que tuvieron. Por un lado, me llevo ideas súper concretas para que mis estudiantes se acerquen a la ciencia y al cuidado del entorno de forma entretenida(...). Y por otro lado, me llevo herramientas claves para la convivencia escolar y el autocuidado socioemocional, algo que no solo me sirve a mí en el aula con los alumnos, sino también para compartirlo y construir un espacio de apoyo con mis propios colegas en la escuela”, añadió Valentina.
A su vez, el Director de la Escuela Nuestro Mundo de Quillota, Héctor Morales, quien asistió al taller de Educación para el Desarrollo Sostenible, expresó que “mi experiencia en esta edición de la Escuela de Invierno fue sumamente enriquecedora, destacando por una propuesta interesante, rigurosamente contextualizada y profundamente contingente a las realidades y desafíos actuales que enfrentamos en el ámbito educativo. Fue un espacio de aprendizaje inspirador que demostró el valor de abordar las problemáticas globales desde un enfoque transdisciplinario. El hecho de que el taller fuera dictado por una profesora de historia enriqueció enormemente el análisis, permitiendo observar desde una mirada multidimensional la urgencia de transformar nuestra perspectiva respecto a las necesidades del planeta”. Morales agregó que “el taller 'Educación para el Desarrollo Sostenible' me entregó herramientas clave y de aplicación inmediata para nuestra institución. El aprendizaje más significativo fue hallar los fundamentos teóricos necesarios para robustecer y refundar nuestro Proyecto Educativo Institucional (PEI) bajo el marco de la educación sostenible, encontrando en lo expuesto fundamentos conceptuales excelentes.
Durante estas sesiones también hubo participación de estudiantes de último año, quienes vieron la oportunidad de fortalecer sus conocimientos previos a ser profesionales.

En ese sentido, Nicolás Ibáñez, estudiante de último año de Pedagogía en Biología, señaló que “fue una experiencia altamente enriquecedora tanto en el ámbito académico como personal. Al encontrarme en el último año de la carrera, valoro especialmente este tipo de instancias, ya que permiten complementar la formación inicial docente mediante la actualización de conocimientos y el acercamiento a temáticas científicas de gran relevancia y contingencia, como el desarrollo sostenible y los desafíos ambientales actuales. Este tipo de espacios contribuye a fortalecer una visión de la ciencia en constante evolución, aspecto fundamental para quienes nos estamos preparando para formar a las futuras generaciones”.
“Asimismo, la Escuela de Invierno brindó la oportunidad de compartir con académicos, investigadores, docentes y compañeros en un contexto distinto al de las actividades curriculares habituales, favoreciendo el intercambio de experiencias, la reflexión pedagógica y el aprendizaje colaborativo. Estas interacciones fortalecen el sentido de comunidad que caracteriza al Instituto de Biología y a la PUCV, promoviendo redes de aprendizaje que trascienden el aula. Sin duda, considero que esta experiencia constituye un valioso complemento para mi formación profesional y reafirma la importancia de mantener una actitud de aprendizaje contínuo y actualización permanente a lo largo del ejercicio docente”, añadió Ibáñez.

La estudiante de Pedagogía en Biología, Sol Báez, también estuvo asistiendo a la Escuela de Invierno 2026, expresando que “participar en esta edición ha sido una experiencia sumamente enriquecedora, sobre todo por la oportunidad de vincularme con futuros colegas de diversas trayectorias y edades. Este intercambio de perspectivas me permitió nutrirme de sus experiencias y comprender que, aunque el camino en la educación presenta desafíos constantes, estos se vuelven mucho más llevaderos cuando los enfrentamos en comunidad. Siento que este espacio me ha permitido fortalecer mi sentido de pertenencia dentro del sistema educativo, reforzando la idea de que la colaboración es la clave para nuestra labor pedagógica y para gestionar de mejor manera las complejidades que nos plantea nuestra futura profesión”.
“Para mi formación, profundizar en la comprensión del ciclo de la ansiedad ha sido fundamental, especialmente al proveerme de herramientas concretas para abordar tanto mi propio bienestar como el de mis futuros estudiantes y colegas. Identificar y manejar las distorsiones cognitivas es una competencia necesaria que va mucho más allá de lo teórico, se traduce en una estrategia de autocuidado vital para mi presente como alumna de la PUCV y, al mismo tiempo, en una base sólida para crear entornos de aprendizaje más empáticos y saludables. Me llevo la certeza de que integrar la salud mental en nuestra práctica docente es esencial para un desempeño integral, transformando la manera en que nos acompañamos en las aulas”, comentó Báez.

Gabriela Llantén, también estudiante de Pedagogía en Biología y participante de la Escuela de Invierno, expresó que “mi experiencia en esta edición fue muy grata y positiva. Tener la oportunidad de participar en talleres interesantes y enriquecedores me permitió conocer nuevas perspectivas respecto a la labor docente. Además, compartir con personas que ya ejercen la profesión contribuyó a comprender que existen situaciones para las que muchas veces nadie nos prepara, y cuya gestión inadecuada puede afectar el bienestar y la salud. Comprender la docencia desde las experiencias de quienes la practican, junto con los conocimientos entregados en los talleres, generó instancias de aprendizaje y reflexión muy enriquecedoras para mi formación como futura docente”.
“Como estudiante de pedagogía, una de las enseñanzas más importantes que obtuve en los talleres de Regulación Emocional y Bienestar Docente, fue comprender cómo las personas interpretan las situaciones adversas y cómo esa interpretación influye en sus emociones, pensamientos y conductas. Aprendí que una visión optimista permite entender las dificultades como situaciones temporales, específicas y no necesariamente personales, favoreciendo la búsqueda de soluciones y el fortalecimiento de la autoestima. También comprendí que las interpretaciones pesimistas pueden llevar a la evitación, la baja autoestima y a una percepción más negativa de los problemas. Considero que estos conocimientos serán fundamentales para mi futuro profesional, ya que me permitirán promover el bienestar emocional tanto en mí como en mis estudiantes y colegas, ayudándolos a desarrollar estrategias de afrontamiento más saludables frente a los desafíos académicos, laborales y personales”, añadió Llantén.

A su vez, la estudiante de la misma carrera, Sophia Farias, quien también participó de la Escuela de Invierno, expresó que “la experiencia fue muy significativa para mi formación como futura docente. Considero que estas instancias son fundamentales no solo en el presente, sino a lo largo de todo el proceso formativo, ya que permiten desarrollar competencias que van más allá de lo disciplinar. En particular, los talleres abordaron temáticas que no siempre se trabajan en la carrera, lo que los hace aún más valiosos. Además, fue una experiencia muy grata a nivel personal y humano, especialmente por el intercambio con personas que ya ejercen la profesión, lo que refuerza el sentido de pertenencia al sistema educativo y la idea de que el aprendizaje es un proceso contínuo.

“Una de las enseñanzas más importantes fue la relevancia del bienestar docente y la regulación emocional. Aprendí que para poder acompañar y regular emocionalmente a otros, primero debemos estar bien nosotros mismos. Reconocer, comprender y aceptar nuestras emociones es clave, entendiendo que no todas son negativas y que sentirse mal en algún momento del proceso formativo o profesional es algo normal. Este enfoque entrega esperanza y herramientas concretas para enfrentar las dificultades y refuerza la idea de que el bienestar del docente impacta directamente en la calidad de la enseñanza. Además, pone en valor que nuestras emociones, pensamientos y experiencias importan, no solo a nivel personal, sino también en la construcción de una comunidad educativa más sana y consciente”, agregó Farias.
En relación a la Escuela de Invierno 2026, Erika Salas Carvajal, Jefa de Vinculación con el Medio del Instituto de Biología expresó que "para mí ha sido una enorme alegría ver cómo la Escuela de Invierno 2026 fue fiel reflejo de nuestro lema ‘Un espacio para crecer, cuidar y transformar la educación’. A través de los nueve talleres logramos abordar la enseñanza desde perspectivas tan diversas como el bienestar docente, la regulación emocional, la sostenibilidad, el juego, la perspectiva de género y la ciencia aplicada. La participación de 63 profesores en ejercicio y de profesores en formación, provenientes de distintas comunas y regiones, generó un intercambio muy valioso, donde cada voz y cada experiencia sumaron a la construcción colectiva. Lo más significativo para mí fue constatar que este encuentro no solo fortaleció competencias, sino también vínculos y redes de colaboración que esperamos seguir cultivando. Mi invitación es a mantener este contacto y continuar trabajando juntos por una educación científica más crítica, inclusiva y transformadora".
