Sergio Henríquez: “Desde el ámbito jurídico, la perspectiva de género implica valorar la prueba, interpretar la norma y ser consciente sobre decisiones”
Sergio Henríquez Galindo es abogado y actual Juez titular del Tribunal de Juicio Oral en lo Penal de San Bernardo. Con una destacada trayectoria en el Poder Judicial desde 2016, ha desempeñado funciones en tribunales de Familia, Garantía y Letras en diversas jurisdicciones del país, además de impartir clases desde 2006 en distintas universidades de Chile.
Es autor de la obra “La Ley N° 21.675 sobre Violencia de Género: Aplicación e impacto en los Tribunales de Familia” (2025), donde analiza de forma crítica y práctica los alcances de esta normativa transversal. Su perfil combina el ejercicio de la magistratura con un compromiso académico constante en la protección de los derechos de la infancia y la integración de la perspectiva de género en la justicia chilena.
A modo de contexto, la Ley N° 21.675 es la norma integral chilena que busca prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en todas sus formas. Su gran avance es la ampliación de la definición de violencia a nueve categorías que incluyen la económica, psicológica, laboral, simbólica y en el pololeo. Al reconocer que la violencia de género es estructural, la ley obliga a todas las instituciones del Estado a coordinarse de manera eficiente para no dejar desamparadas a las víctimas.
Para lograrlo, la normativa implementa un escudo de protección que garantiza a las mujeres asistencia jurídica gratuita, resguardo de su identidad y el derecho fundamental a no ser revictimizadas ni juzgadas bajo estereotipos durante el proceso judicial.
1. Desde su experiencia en el estrado, ¿qué significa hoy, en términos prácticos, "juzgar con perspectiva de género"?
- Tener un enfoque de género significa tener presente que la violencia contra la mujer es estructural e histórica, que existen discursos, patrones y roles asignados culturalmente al sexo que impactan la forma en que se interpretan las cosas. Desde el ámbito jurídico, la perspectiva de género implica valorar la prueba, interpretar la norma y ser consciente sobre decisiones que pueden afectar a las personas dentro de la sociedad.
“Las universidades juegan un rol fundamental en la educación, formación y sensibilización, no solo a través del conocimiento sino también mediante acciones concretas”
2. ¿Esta normativa ayuda a romper con la invisibilización de ciertas conductas que antes no eran sancionadas?
- Esta ley, al igual que todas en Chile, aunque son culturalmente valiosas y tienen un peso significativo, no son suficientes por sí mismas para generar cambios culturales profundos. Se requiere de mucha educación, sensibilización y una constante preocupación por el respeto y la aplicación de la norma. Es fácil interpretar la norma en sentido contrario o dejarla en desuso, por lo que es necesario estar siempre muy atento.
3. Desde su experiencia en el ejercicio como académico, ¿qué rol juegan las instituciones de educación superior en la prevención y concientización sobre estas nuevas leyes y parámetros?
- Las universidades juegan un rol fundamental en la educación, formación y sensibilización, no solo a través del conocimiento sino también mediante acciones concretas. Deben actuar en consonancia con los nuevos principios y el derecho a la no discriminación, esto implica una mirada transversal a todo el sistema, donde no se tolere la violencia y la discriminación contra la mujer, no solo al denunciar casos, sino también al adoptar decisiones administrativas, de gestión y de docencia.
4. En su experiencia, ¿qué tan vital es que la universidad ofrezca un acompañamiento psicosocial temprano para reparar el daño emocional, antes incluso de que termine el proceso sancionatorio o legal?
- Es indispensable que las universidades tengan comisiones o equipos como la CAHVDA en la PUCV. Su labor activa es fundamental para acoger denuncias, acompañar a las víctimas, investigar, orientar y derivar. Sin embargo, estos organismos también deben promover la transversalización de la mirada de género y la prohibición de la discriminación.
“A nivel cultural, el desafío más profundo es la descalificación de la mujer en cuanto a la validez o peso de sus opiniones y alegaciones”
5. ¿Qué mensaje le daría a la "comunidad observadora" sobre la importancia de no ser cómplices y entender que la afectación es colectiva y no solo individual?
- Todas las personas deben tener la tranquilidad de que la decisión final sobre si una situación amerita una medida o no, no está en manos de quien denuncia, de los testigos o de la víctima. Si se tiene conocimiento de alguien cercano, lo mejor es denunciar y creer. Serán otros quienes, con procedimientos, medidas adecuadas y protección a las víctimas y testigos, tomarán la decisión más adecuada al caso. Es importante denunciar para proteger a las mujeres y minorías sexuales de la discriminación, y luego serán otras instancias las que definirán si tiene asidero o no, respetando el debido proceso.
6. Desde la implementación de esta ley, ¿qué desafíos aún no están suplidos después de haber empezado a trabajar con esta ley?
- Quedan muchos desafíos y lo principal es la falta de especialización. En el ámbito universitario, los profesionales dedicados a este tema necesitan relacionarse entre sí de manera cotidiana para adquirir no solo competencia académica, sino también experiencia desde la práctica, convirtiéndose en expertos especializados. Segundo, falta generar una comunidad y un espacio de interacción cotidiano para que se hable un mismo lenguaje, de modo que la violencia de género, no se vuelvan anecdóticas, aisladas y sin proyección, terminando por desaparecer.
7. ¿Cuál cree que es el primer desafío cultural que aún frena la aplicación de esta ley y la inclusión de la perspectiva de género en la justicia chilena?
- A nivel cultural, el desafío más profundo es la descalificación de la mujer en cuanto a la validez o peso de sus opiniones y alegaciones. Esta descalificación está asociada a la devaluación de lo emocional y de lo que se considera femenino frente a la “racionalidad masculina", lo que lleva a una mayor credibilidad del hombre.
Esto se manifiesta en el apoyo a la idea de legislar para sancionar las denuncias falsas, a pesar de que la evidencia científica demuestra que son anecdóticas y excepcionales. Se pone en duda a la víctima, y aunque antes era más directo, parece que se está volviendo a una visión donde hay menos pudor para decir que las mujeres mienten o engañan. Esto explica por qué no se cree que las mujeres puedan ser buenas científicas o buenas jefaturas. Este reto es complejo y no se resolverá de forma sencilla o rápida.