Alumna del Doctorado en Historia PUCV reedita música que se interpretaba en Valparaíso entre 1866 y 1916

La exalumna del Instituto de Música de nuestra Casa de Estudios, Isabel Césped Corrotea, descubrió la Marcha Fúnebre que se interpretó para el funeral de Arturo Prat y otros héroes en la Plaza Sotomayor, junto a otras creaciones que se tocaban en las reuniones sociales, las que volvieron a grabarse y se registraron en un disco.

22.12.2017

La historia patrimonial de Valparaíso no sólo se alberga en sus tradicionales edificios, sus particulares cerros y en la forma de habitar de sus residentes. También está presente en la música que se escucha, en el cine, el arte callejero, en las universidades y en las maneras de conmemorar cada uno de los hitos que van dando sentido a nuestra identidad como ciudad puerto.

Al respecto, hay pocos registros relacionados con la música que se escuchaba en Valparaíso a fines del siglo XIX y principios del XX. Es habitual, encontrar antiguas partituras que en ocasiones terminan en la basura o guardadas en un cajón. Se desconoce que en dicho periodo en muchas casas había un piano –el instrumento de moda- y una serie de casas editoriales locales publicaban libros con canciones y notación musical, pensada para amenizar las reuniones familiares, las que eran interpretadas en vivo por los porteños.    

La exalumna del Instituto de Música y actual estudiante de Doctorado en Historia de la PUCV, Isabel Césped Corrotea, ha vivido en carne propia estos descubrimientos. Hace un tiempo revisando el archivo de la Banda de la Armada, encontró una serie de antiguas partituras escritas por el músico italiano Pietro Cesari, donde escribió el “Canto a Prat” y la Marcha Fúnebre que se interpretó el día del funeral de Arturo Prat en la Plaza Sotomayor en 1888.

“Encontré una partitura con un staff de instrumentos para bandas del siglo XIX. Me llamó la atención que no era un repertorio de las bandas modernas, investigué al autor Pedro Cesari y descubrí que era un italiano migrante que se instaló en Valparaíso, le dieron trabajo en la Armada como director de bandas y del Orfeón Municipal en Valparaíso en 1884”, explica la investigadora.

En ese periodo, Chile estaba saliendo de la Guerra del Pacífico y a Cesari le tocó la misión de crear música para la inauguración del Monumento a Prat en la Plaza Sotomayor en 1886. En el país, había una sensibilidad particular por los costos económicos y los fallecidos, pese a la victoria. Compuso el Canto a Prat y dos años después escribió la música para la recepción de los restos del héroe y de lo que quedó de su tripulación cuando sus cuerpos fueron depositados en 1888.

“Estas dos piezas fueron las culpables del inicio de mi investigación y me dio la guía para seguir buscando en otros archivos. Fui a Santiago, llegué al Archivo Nacional, el repositorio digital de la Casa Amarilla, la Biblioteca Patrimonial Recoleta Dominica, el Archivo de Margot Loyola, la Biblioteca Severín, entre otros. En ese proceso, encontré varias partituras de este periodo, que estaban guardadas y en silencio por más de 130 años”, señaló.

El trabajo de la estudiante de Doctorado de la PUCV quedó plasmado en el disco doble titulado “Valparaíso. Patrimonio Musical 1866-1916”, álbum que contó con el apoyo del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (CNCA) por medio del Fondo para el Fomento de la Música Nacional en su convocatoria 2017.

Allí, se aprecia la obra de diversos autores de este periodo como el pianista Federico Guzmán, quien fue el intérprete y compositor chileno más destacado del siglo XIX, llegando a publicar obras en América y Europa. Guzmán conoció al célebre pianista norteamericano Louis Moreau Gottschalk que llegó a la ciudad en 1866, puerto que había sido recientemente bombardeado por los españoles. 

En el disco, también hay obras de Manuel Fernandez Caballero, quien era un connotado compositor de zarzuelas. Aunque nunca vino a Chile, fue protagonista de la vida cultural en Valparaíso. Algunas de sus obras que eran muy populares en la época se utilizaron para contribuir a las víctimas de la Guerra del Pacífico.

UNA REEDICIÓN DE ESTOS CLÁSICOS

Luego de recopilar todas estas partituras, la investigadora se propuso grabar nuevamente estas obras, proceso que no fue fácil pues después se descubrió que algunos documentos contenían errores, lo que se detectó al traspasarlo al sistema digital Sibelius.

“En el traspaso al sistema actual, se escuchaban muy mal. Hubo errores en la transposición, allí sentí que se caía el proyecto. Algunas las contrastamos con las versiones de partitura en piano que encontré en el Archivo Nacional en Santiago. Esto me dio la certeza de que eran obras autorizadas por el compositor para ser publicadas”, indicó la experta.

Uno de los casos más difíciles fue adaptar la música de Pedro Cesari, pues las partituras encontradas en la Armada, luego de la guerra del Pacífico, eran de un staff antiguo con instrumentos que ya no existen. “Me basé en la partitura de piano para escribir la armonía y la polifonía. Para la versión de banda trabajé la instrumentalización y la repartija de las líneas melódicas.  Fue una reconstrucción que duró varios meses. La adaptamos para la Banda de la Armada”, complementó.

Algunas obras se grabaron en reparticiones de la Armada, como también en el Teatro Municipal de Viña del Mar, donde se utilizó el piano de cola Fazioli, donado por Leonardo Farkas a la ciudad, que tiene un sonido único. Estas piezas fueron interpretadas por las académicas del IMUS, María Angélica Rueda y Patricia Escobar, además del pianista y exalumno PUCV, Carlos Caamaño.

También participó la Banda de la Academia Politécnica Naval, el guitarrista Nicolás Oyol, la soprano Carolina Matus, el violinista Sebastián Rojas y el profesor Nelson Niño del IMUS que compartió algunas grabaciones de obras y tocó el oboe.    

“Valparaíso fue la ciudad con más casas de música en Chile, las cuales difundían repertorios a través de la venta de partituras, revelando por un lado las tendencias del mercado musical europeo y dando a conocer a compositores locales. La circulación de estas obras nos revela aspectos de la vida musical, los lugares donde se cultivaba, el repertorio que se escuchaba, las actitudes sociales y su evolución en el mercado local. En el fondo, este disco es un viaje al pasado de la ciudad a través de la música”, concluyó la investigadora. 

Por Juan Paulo Roldán

Dirección General de Vinculación con el Medio